Hechos desafortunados como el
ocurrido en A Cañiza (Pontevedra), con
la muerte de un agente al tratar de
evitar un atraco a un banco, dan más
grandeza a la Guardia Civil. Agentes con
salarios de los más bajos de las fuerzas
del orden —que además acaban de
ver reducidos sus emolumentos—, se
enfrentan cada día a peligros desconocidos
y muchas veces sin más vocación
que la de tener un puesto de trabajo fijo.
La muerte de Jorge Piñeiro Lorenzo debe
hacer reflexionar sobre el valor que tiene
un cuerpo que se deja la vida patrullando
por los pueblos y siendo el ángel de
la guarda de miles de personas que no
por residir fuera de las grandes ciudades
tienen menos derecho a contar con una
buena seguridad ciudadana.