La noticia, la triste noticia, otra vez, es la muerte de un joven agente de la Guardia Civil en el cumplimiento de su deber. Otro más de una interminable lista de jóvenes vidas truncadas del benemérito cuerpo en defensa de los derechos fundamentales y de las libertades públicas que tenemos los ciudadanos. Una vida rota por unos desalmados. La pérdida de una vida en plena juventud. La muerte, en fin, de un valiente guardia civil que, a sabiendas del peligro que corría, cumplió sin rechistar con su obligación. La Guardia Civil es así. Lo da siempre todo sin pretender nada a cambio. Es su sello y así ha sido en sus más de 150 años de existencia con decenas de ejemplos de heroísmo y sacrificio en sus filas de hombres y mujeres. Y así seguirá siendo. El valiente guardia civil que perdió su vida para evitar un atraco se llamaba Miguel Jorge Piñeiro. Hace unos años escribía de otro compañero de Miguel Jorge, se llamaba José Alberto Ferreira. Un joven guardia que no dudó un segundo cuando, avisado por unos vecinos del lugar, vio a un pescador en peligro, ahogándose, y pidiendo desesperadamente auxilio. A pesar de la violencia de las aguas que llevaba el Ulla se lanzó al río, que tenia una enorme crecida, para salvar la vida del agonizante pescador. José Alberto logro ponerlo a salvo, pero no pudo salvarse él, la extrema violencia de las aguas lo arrastraron y ya sin fuerzas y con sus pulmones encharcados de agua falleció, asfixiado, sin remedio posible. Así es un guardia civil, lo frecen todo, hasta incluso la propia vida a cambio de muy poco. Son hombres y mujeres como usted y como yo. Con una excelente preparación y formación que hacen un poco más tranquila nuestra existencia en una sociedad cada vez más insegura y compleja, llena de sucesos que nos ponen los pelos de punta. Son jóvenes sencillos que han elegido una difícil profesión que tiene como misión la garantía de los derechos de todos los ciudadanos, aunque muchos no lo sepan y únicamente los vean por causas ajenas a ellos mismos como funcionarios de uniforme que están a la caza del conductor y ponen multas a diestro y siniestro. No, la Guardia Civil, no es eso. Están ahí para defendernos y así lo hacen. A pesar de todos los pesares, con escasísimos medios, con unos sueldos míseros y vergonzosos, y sin una sola queja. Lo dan todo, incluida la propia vida, por apenas nada. Miguel Jorge Piñeiro cumplió con su deber. Realizo su trabajo y ejecutó las órdenes que le dieron. Sabia del peligro cuando se acerco a aquel oscuro local donde le esperaban para asesinarle. Pero no lo dudo ni un segundo. No pensó ni en su propia familia siquiera, ni en su mujer e hijos, ni en lo que seguramente podría ocurrirle. El guardia civil Miguel Jorge Piñeiro cumplió con su deber. Era su obligación, así se lo enseñaron y no lo dudo. Consiguió desbaratar el atraco pero pereció al hacerlo. La Guardia Civil es así y por eso tantos y tantos españoles de bien la quieren y la admiran. Dios tenga en su gloria al guardia civil Miguel Jorge Piñeiro.