La Guardia Civil impide que los vecinos de Portas vuelvan a paralizar las obras en las vías del tren

trenLos vecinos de Portas volvieron a despertarse ayer con el ruido de las máquinas trabajando sobre las vías, pero no para reponer los raíles, sino para continuar la construcción de una topera que impedirá que el "tren del cemento", como se conoce en la zona, descarrile al cambiar de sentido unos metros más allá de la estación de ferrocarril que quedó fuera de servicio hace cuatro meses.

Un grupo de entre 10 y 15 afectados corrió al lugar tras alertar a los integrantes de la plataforma Salva o Tren, pero en esta ocasión, la octava en la que intentan paralizar los trabajos, no consiguieron su objetivo. "Había moitas patrullas da Garda Civil, empregados de Adif e un enxeñeiro para oprimirnos e quitarnos un servizo público. Xa hai varios metros de vía levantados", denuncia la portavoz de la plataforma, Lucía Latorre, quien subraya que estos hechos contradicen las manifestaciones de la ministra de Fomento y de la Xunta de Galicia. "O subdelegado vive noutro mundo. É un ditador e están convertindo un estado de dereito nun estado policial. Ata mandaron corpos especiais da Garda Civil, unha barbaridade".

Fernando Gómez, coordinador de Salva o Tren, admitió que, después de tres horas de movilizaciones, "no quedó más remedio que dejarles actuar" ante la presencia de "cuatro patrullas y 10 agentes de la Guardia Civil", entre ellos varios efectivos de los Grupos Rurales de Seguridad (GRS). "No nos quedó más remedio que marcharnos. Las consecuencias hubieran sido muy negativas para la gente".

Gómez lamenta que "fue imposible dialogar con los responsables de Adif" y que "si hubiera intención de reponer las vías hubieran colocado dos raíles. Ahora la topera, un tocho de hormigón inmenso, es un obstáculo más".
 
“Nos acercamos a las vías y las patrullas se posicionaron. Había personas mayores, la gente se amedrentó y empezó a retirarse", relata Fernando Gómez. Admite que los agentes no intentaron cargar contra los vecinos, pero "un cabo quiso empujar a una vecina cuando se acercó a la zona de la topera con cara de doberman. Le dije -a la mujer- que no entrara en el juego porque esta gente es muy peligrosa".

Lucía Latorre coincidió en que las fuerzas del orden "amedrentaron á xente e pedíronlle a documentación ós máis débiles. Houbo algún veciño que dixo que as máquinas só pasarían por riba do seu cadáver e eu esta disposta a obrigalos a parar, pero con tanto garda era imposible. Tiñan porras para apalearnos".